Las averías que de verdad se repiten en Bilbao
Bilbao tiene uno de los parques de vivienda más antiguos y más densos del norte peninsular. En Santutxu, Rekalde, Otxarkoaga o Basurto hay miles de viviendas levantadas en los años cincuenta y sesenta que conservan el mecanismo de persiana original, con el recogedor empotrado en la pared y una cinta que se ha subido y bajado a diario durante décadas. Eso marca el tipo de avería que nos encontramos: no son fallos de fabricación ni de montaje reciente, son piezas que han llegado al final de su vida útil todas más o menos a la vez.
A ese desgaste por uso se le suman dos factores climáticos muy propios de la villa. El primero es la humedad continua del sirimiri: más de mil cien milímetros de lluvia al año repartidos en muchísimos días de precipitación débil, de modo que el cajón rara vez se seca del todo. El segundo, menos conocido pero igual de dañino, son los golpes de viento sur. En pleno invierno el efecto foehn puede subir la temperatura de golpe y desplomar la humedad ambiental en unas horas, y esa oscilación brusca hace que aluminio, PVC y madera del cajón dilaten y contraigan a ritmos distintos. Las tapas se desajustan, los tornillos aflojan y las guías pierden alineación.
El resultado son cinco o seis averías que se repiten una y otra vez, y que conviene saber distinguir porque no cuestan lo mismo ni se resuelven igual.
- Cinta partida o descarrilada de la polea, la avería más frecuente del parque de posguerra
- Recogedor sin fuerza o con el muelle vencido, muy habitual en los modelos empotrados en pared
- Guías agarrotadas por acumulación de polvo compactado con humedad, sobre todo en laderas como Uribarri o Begoña
- Lamas fuera de guía o descolgadas por un lado tras un golpe de viento o un tirón brusco
- Eje descentrado o rodamientos secos, que hacen que la persiana vaya dura y acaben rompiendo la cinta nueva
- Tapas de cajón mal cerradas, que dejan entrar humedad, frío y ruido de calle










