Qué se avería en Leioa y por qué
Desde dentro de casa todas las averías se parecen: la persiana no funciona. Por dentro son problemas distintos, con piezas distintas y con precios distintos. En Leioa lo que castiga a la persiana es un valle abierto hacia la ría con humedad media y constante, suficiente para resecar una cinta en veinte años pero sin la agresividad de la primera línea, y eso explica buena parte del patrón de fallo que vemos al abrir.
A eso se le suma lo que comparte todo el Gran Bilbao: más de 1.100 mm de lluvia al año repartidos en muchísimos días de sirimiri, que mantienen el cajón húmedo casi sin llover de verdad, y los golpes de viento sur que en pleno invierno secan y calientan la fachada de un día para otro. Ese vaivén dilata y contrae el paño en ciclos cortos, y es lo que descuadra guías y afloja anclajes.
Aquí el trabajo típico es la segunda vida del mecanismo, y lo que más encontramos son arreglos antiguos mal resueltos: cinta de ancho incorrecto, recogedor que no corresponde al hueco o poleas que nunca se revisaron. A partir de ahí, la lista de causas reales que encontramos al retirar la tapa es casi siempre alguna de estas:
- No sube ni baja: cinta partida, recogedor empotrado sin fuerza, eje suelto o motor agotado.
- Va dura y suena seco: guía con suciedad compactada o rodamientos agarrotados por humedad.
- Se descuelga por un lado: grapa del eje cedida o paño salido de la guía tras un golpe de viento.
- Lamas partidas o cascadas: fatiga del PVC y aluminio que ha trabajado años en ciclos de dilatación.
- Baja sola: el recogedor ya no bloquea o el freno del eje ha perdido tensión.
- No responde al mando: pila, emparejamiento, topes, condensador y, solo al final, el motor.









